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martes, 16 de noviembre de 2010

Chicas caras


Dicen las leyendas urbanas que las “chicas caras” no tienen más de 20 años y brindan servicios sexuales para ganar dinero de modo rápido y poder comprar así objetos materiales completamente superfluos.

La periodista Teresita Ferrari realizó una investigación basada en el relato de diez adolescentes que se prostituyen desde temprana edad. Pero a diferencia de otras trabajadoras sexuales pertenecientes a las clases más bajas, ellas no sólo no necesitan el dinero para sobrevivir, sino que no tienen ningún tipo de esperanza en lo que al amor y al matrimonio respecta. Radiografía de una ausencia vital en los tiempos del consumismo desenfrenado.

Noticias & Protagonistas: En tu trabajo, que lleva el título sugestivo de “Chicas Caras”, te mostrás a contrapelo de lo socialmente instalado desde el mensaje oficial respecto de la prostitución, que exhibe un sometimiento compulsivo de la mujer.

Teresita Ferrari: Es verdad. Cada dos años se realiza un estudio a nivel mundial sobre el funcionamiento del dinero ilegal, sobre qué actividades lo generan. Es un tema que sigo desde los primeros años de la década del ‘90, y por más de diez años el ranking fue el siguiente: en primer lugar estaban las armas; segundo, la droga y en tercer término el contrabando de armas, con algunas variaciones entre los dos primeros puestos. En los últimos años, todas las evoluciones muestran que la principal actividad generadora de dinero ilegal que circula por día, por mes y por año en el mundo, surge de la prostitución. Pero no únicamente a causa del delincuente que rapta chicas y que se mueve al margen de todo derecho, sino también de la mujer que decide practicar la prostitución, aunque en la superficie lleve una vida completamente normal en la que suele tener otro trabajo o ser una estudiante.

N&P: Y muchas de ellas lo deciden a una edad muy temprana.

T.F: Sí, la edad de estas chicas sorprende, llama la atención, así como la decisión con la que toman este camino que es muy fuerte. Son chicas que muestran una soledad afectiva y familiar importante; y son además formadas, pero únicamente porque manejan mucha información. Están muy influidas por la televisión, donde todo es posible y, no menos importante, en un segundo: “no sé lo que quiero pero lo quiero ya”. Por lo general son muy lindas, apetecibles, muy chiquitas, y esto se suma a que los hombres las buscan también muy jóvenes. Son adolescentes de buen status social, económico y cultural, que tienen muchas ganas de gastar plata en cosas que les gustan porque la sociedad las tienta. Buscan cambiar el celular, tener la computadora más liviana, las Nike free, y con el tiempo quieren también el Mini Cooper.

N&P: ¿Cómo ingresaste en el tema?

T.F: Lo descubrí porque hace dos años la revista “Para Ti” hizo una nota sobre un fenómeno que se daba en los colegios secundarios, donde las chicas les cobraban a sus compañeros para, en el baño o en el colectivo, hacerles “un pete”, y les preguntábamos a los chicos de dónde sacaban la plata -unos 50 pesos-, que era un monto importante para ese momento. Ellos nos contestaban que “bicicleteaban” al profesor de tenis o de inglés, o le pedían a la abuela o simplemente se quedaban con un vuelto. Me sorprendió, porque cuando nosotros éramos chicos, robábamos vueltos para comprar caramelos “Media hora”.

N&P: En este universo en el que pudiste ingresar y que periodísticamente es muy importante, ¿la figura del varón aparece patetizada, sin otra voluntad que la de sus urgencias sexuales?

T.F: No incluí en el libro los relatos de los varones para que no quedara muy grande, además de que yo quería volcar muy claro el relato de las chicas. Este es un libro blanco, en el que no hay malas palabras ni morbo, y en el que queda claro quiénes son las chicas, cómo son y cuál es su ámbito. Lo de los varones no es patético sino que tienen la parte ganadora. Pero no podía extenderme en los hombres, porque no era el tema del libro, y además, hubiese quedado muy extenso.

N&P: ¿Cuál es el discurso masculino que encontraste lateralmente?

T.F: Me comentaban que les gustaba salir con chicas como estas, tan lejanas de la estética prostibularia, a las que citaban y aparecían con el jumper del colegio, y que además son divertidas, cultas, con las que podían hablar, que “son como uno, y si te encuentra un amigo la podes hacer pasar por tu novia”. Además, como les pagan, al otro día no los molestan llamándolos y preguntándoles si las extrañan o si las quieren, o si van a seguir siendo novios. No quedan en una posición patética, sino más bien que en esta franja de la sociedad no buscan la prostituta que vive de esa actividad y que debe mantener a sus hijos y la casa. No quiero entrar en el terreno sociológico y psicológico, pero la nuestra es una sociedad abandonada, y nuestros hijos están abandonados por la familia.

N&P: En el libro presentas el ejemplo de una chica que consigue tener un departamento a los 16 años…

T.F: Lo heredó de un francés que vino a conocer la Argentina y que estaba en una buena posición económica. El departamento lo adquirió para que fuera su base mientras recorría el país, los últimos años de su vida. Conoció a esta adolescente en una circunstancia muy especial, en la que ella estaba muy mal, drogada, completamente descarriada. Él, además de utilizar sus servicios, la encarriló, le enseñó francés y los padres de ella aseguran que le salvó la vida. Es una historia muy larga…

Ferrari, en su libro, nos revela de un cachetazo y sin rebusques un mundo que nos asombra y también se nos cuela por debajo de las narices, inadvertidamente.

El caso japonés

En Japón, un porcentaje importante del mercado sexual lo constituyen las adolescentes que cursan la secundaria y que se encuentran entre los 15 y 18 años. Las jóvenes llaman a los servicios de búsqueda, operados por proxenetas de la mafia japonesa, a través de los que se contactan con hombres mayores. Acuerdan una cita en un café o les dejan un número de celular para recibir los mensajes. De esa manera, las muchachas pueden controlar las llamadas y pasar inadvertidas en casa.

Las citas no siempre terminan en relaciones sexuales, pero las adolescentes reciben por sesión entre 20 y 40 mil yenes, dinero que destinan a la compra de ropa, accesorios de marca o cosméticos. Muchos de estos productos sólo pueden usarlos fuera de casa para no despertar sospechas en sus familiares.

Una encuesta reciente del Gobierno de Tokio, efectuada a más de 1.300 estudiantes de secundaria de 110 establecimientos educacionales, reveló que un 25% de las estudiantes había utilizado, por lo menos en una oportunidad, un servicio telefónico de concertación de citas.

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