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domingo, 9 de octubre de 2011

El último deseo de navidad

Esta es una historia verídica 
Me animo a dictar estas palabras que no son más que las letras del alma que llevo conmigo y hoy decido compartir. Arrastro sobre mis hombros casi 87 navidades, y son uno a uno,87 recuerdos de distintos y hermosos que riegan mi cerebro de sangre fresca. En un tiempo que ya suena lejano, la mesa era gigante casi eterna,40 personas nos sentábamos en el patio de la vieja a esperar las 00.00 para abrazarnos y ratificar el amor que nos unía. Con esfuerzo casi abismal recordare para siempre el aroma a tierra mojada que se desprendía cada 24 por la tarde, cuando Ana Laura mi esposa, regaba el patio para luego preparar la mesa. Nuestro patio, el patio de la casa de mi vieja donde nosotros también vivíamos, fue la más maravillosa de todas
las pistas de baile que alguna vez recorrí, airoso, del brazo de la rubia más bella de todo Lanús.

La vida en ese entonces corría hermosa y nos sentíamos plenos, nunca pudimos tener hijos es cierto..pero igual éramos felices, con solo mirarnos éramos felices.
Es que precisamente un día antes del 24 de Diciembre de 1940,en el baile de la clase nos vimos por primera vez y ya no nos separamos. Los años se escaparon tan rápido que en suspiros la mesa del patio se iba achicando. Las sillas quedaban vacías y quizás por eso con los años dejaron de existir, el gigante mantel blanco también resultó inútil, tan innecesario como la cantidad de platos que ya sin uso, uno tras uno
fueron desapareciendo.

La vida también se fue llevando uno a uno a nuestros invitados, de todos modos con Ana Laura seguíamos festejando cada Navidad como el primer día cuando gustosa aceptó bailar la milonga que retumbara en mis oídos hasta el mismo instante del final.
Parece mentira, parece que fue ayer pero solo me quedan recuerdos..Hoy la vida me sorprende con una realidad distinta.

En marzo del año pasado, Ana Laura partió para siempre, la muerte me la quitó de un soplido y sin poner siquiera las manos le dije adiós para toda la vida. Vendí la casa
meses después hoy estoy en un lugar donde encierran viejos al que acudí con mis trapos bajo el brazo en busca de más navidades. En este instante hermoso y eterno en el que cierro mis ojos para recordarla, siento la necesidad de pedirle a Dios un último deseo si es que algo aún me queda por cumplir. El 24 bien temprano me alistare como pueda, usare el mejor traje, me peinare prolijo y lustrare los zapatos como cuando era un niño.

Seguro que ella..La gran compañera de mi vida, el amor de mi infancia, la amante de mis sueños, el amor de mi existencia vendrá a buscarme. No querrá pasar la navidad sola, se aferrara de mi brazo y con un beso en la mejilla me invitara a bailar la milonga más hermosa que nadie antes escuchó.


Esta vez Ana Laura, te juro...será para siempre!

Autor: Pedro Juan Vargas: Jubilado. 87 años. Vive en un hogar de ancianos
en la ciudad de Buenos Aires. 
 
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