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jueves, 28 de abril de 2011

¿Metáforas políticas o políticas de la metáfora?


Cada vez que este corresponsal cree haber llegado al límite de su capacidad de asombro, la realidad cotidiana sale a su encuentro para dar por tierra con semejante ilusión. Algunas veces ese asombro se ha visto traducido en iras momentáneas producidas por los padecimientos típicos de un habitante de esta ambivalente ciudad. Otras veces, el asombro es puro asombro, asombro de boca abierta y de cejas arqueadas. Y es este último tipo de asombro el que nos lleva a escribir estas palabras…

Que la política necesariamente implica cambios, es un lugar común. La política, como decía Max Weber, es el lugar de la acción, de la voluntad, de la constante fijación de fines y de la búsqueda de medios para alcanzarlos, es el lugar dónde se dirime la lucha por el poder. Que puede fácilmente establecerse una relación entre algunos aspectos estéticos (de diferentes campos) y el sentido o el carácter de lo político, es un lugar tal vez menos común, pero no por eso más extraño. Sin embargo, establecer esas relaciones (las que supuestamente existen entre lo estético y lo político) es un ejercicio no siempre posible o que, al menos en algunos casos, excede las capacidades de este corresponsal.

Pasemos a los hechos. En los últimos años la política se ha modificado en nuestro país. Se ha modificado el sentido y el significado de la misma y se ha modificado la forma de hacer política, el lugar de los políticos, de los (supuestamente) representados...y esto a su vez se ha visto reflejado en un cambio en la estética política, dando lugar a una estética mediática en la cual casi podría decirse que la arena política por excelencia es la televisión. Sin embargo, otras transformaciones menos evidentes no dejan por eso de ser significativas. Y es una de ellas la que nos interesa particularmente resaltar.

Quien conozca, al menos de oídas, la Plaza de Mayo de Buenos Aires, sabrá seguramente de su significación. La Plaza fue escenario de los acontecimientos políticos de mayor relevancia sucedidos en el país: desde aquel 17 de octubre de 1945 en que Perón salió por primera vez a los balcones de la Casa Rosada, hasta aquel día de 1990 en que Menem hizo lo propio junto al equipo de fútbol subcampeón del mundo en el mundial de Italia, pasando por los bombardeos de 1955, el espaldarazo de Perón a lo montoneros apenas vuelto del exilio, las rondas de las Madres de Plaza de Mayo, los festejos por el retorno a las formas democráticas, el saludo de Alfonsín tras el intento de golpe de Estado de la semana santa de 1987....La lista podría continuar de manera tal que, si un observador obsesionado por recortar su objeto de análisis se hubiera apostado en la plaza y hubiera simplemente relatado lo visto allí en el último medio siglo, podría llegar a describir sin mayores dificultades, la historia política de la Argentina.

La Plaza de Mayo puede ser vista entonces como una suerte de indicador de los avatares de la política nacional. Si esto es así ¿cómo interpretar los cambios sufridos por ésta en estos últimos años y, en especial, en lo que va de este extraño año de transiciones?

Hace ya un tiempo que un hecho significativo llamó mi atención. A partir de algún momento (dato perdido en mi memoria), se hizo habitual cercar (es decir, poner un cerco, una reja) la Plaza de Mayo. Concretamente, la práctica (detrás de la cual se puede intuir como motivo la "seguridad") habitual de los últimos tiempos es poner un cerco alrededor de toda la plaza cada vez que se produce una manifestación - aclaremos, para información de lector desprevenido, que "manifestación" es para los encargado de colocar la reja un grupo de personas mayor a cinco personas, con un bombo, un megáfono y unos quinientos papelitos para desparramar por el piso. Por otro lado, mientras no se produzca esa manifestación, la reja se coloca dividiendo la plaza en dos, de manera tal que, para llegar a la casa de gobierno, hay que flanquear necesariamente una cerca de metal de unos dos metros de altura, custodiada generalmente por miembros de las fuerzas de seguridad. ¿Qué podemos o qué debemos pensar de la significación de este hecho?

La paradoja de un gobierno peronista -movimiento que tradicionalmente encontró su fuerza en las masas movilizadas, dispuestas por supuesto a hacerse presentes en la Plaza de Mayo en señal de apoyo cercando la plaza, es algo que no deja de asombrar. ¿Cuál es la forma en que un gobierno piensa a sus representados cuando cree necesario erigir una valla de contención entre éstos y él mismo? ¿Cuál es la idea de "la" política que este gobierno sostiene cuando piensa de esta forma la relación entre el Estado y la sociedad civil?

Creo que no es casual el significado de la reja. Creo que, lejos de cualquier casualidad, da muestras claras de la forma en que el gobierno se piensa a sí mismo. Porque la distancia entre éste y los representados no es sólo simbólica, sino que es tan concreta como la maraña de alambres y hierros que componen la reja de la Plaza de Mayo. Creo que la metáfora de la reja, que traza un límite entre el lugar en dónde se "deciden" las políticas y el lugar adonde esas políticas están dirigidas, representa fielmente la posición del gobierno. Queda otra pregunta por hacernos: ¿es necesaria la reja para establecer una distancia que existe de hecho? Si la reja es una medida de seguridad ¿de quién se está protegiendo - uno estaría tentado de pensar que se está escondiendo, llevando la reja hasta un lugar desde el que apenas se puedan oír los bombos, pero sin llegar a captar, desde el edificio de la casa Rosada, el contenido de los discursos- el gobierno?

Como decía, este hecho había llamado mi atención tiempo atrás. Sin embargo otro acontecimiento -seguramente menos grave y mucho más simpático, aunque no por eso menos significativo- ocurrido con la Plaza llamó mi atención nuevamente esta semana. Por motivos que se nos escapan, se decidió que era necesario pintar la casa de gobierno. Llevando el patetismo al extremo, no pude dejar de pensar en aquellos que están a punto de entregar su casa - en venta o alquiler - y se empeñan en mostrarla lo mas "presentable" posible....aún cuando generalmente detrás de esa "presentabilidad", detrás de esas paredes recién pintadas, se encuentras enormes defectos, inmensas manchas de humedad o graves fallas de la estructura edilicia. No es sin embargo esto lo que me llamó la atención.

Como sabemos, pintar un gran edificio supone construir una serie de andamios - caños y tablones de madera que utilizan los encargados de la obra - que suele "tapar" su fachada. Como sabemos, un andamio no es algo lindo. Sin embargo si el viernes último había visto al pasar por la plaza que un número importante de obreros se afanaban por elevar esos andamios, el lunes, cuando me encaminaba otra vez hacia la plaza éstos había desaparecido. ¿Cómo explicarlo? ¿Sería que se habían arrepentido y habían decidido no pintar el edificio? ¿Sería que en un alarde de eficiencia el edificio ya estaría pintado? El enigma no se resolvió hasta que me encontré a unos pocos metros de la Casa Rosada (hasta que no hube traspasado la reja): había sido colocado un inmenso lienzo frente a la casa de gobierno. En el lienzo aparecía representada la casa en todos sus detalles, de manera tal que un observador desprevenido (como yo) podría no darse cuenta de las obras en marcha. Lo que se veía era una casa impecable, recién pintada; detrás del lienzo, se realizaban los trabajos de refacción.

Nuevamente nos preguntamos si esto tiene alguna significación, si nos dice algo acerca de la forma de hacer política imperante en los últimos años. ¿Por qué ocultar los trabajos de refacción - el trabajo "sucio" -, los andamios, los obreros llenos de polvo, la fachada descascarada como resultado de las obras? Se podrá responder que por meros motivos estéticos, pero ¿son esos motivos puramente estéticos? Nuevamente creo que no es casual que a este gobierno, en este momento histórico particular, se le ocurriera poner ese lienzo. Como uno podría pensar a partir de lo que decíamos de la reja, pareciera que es una práctica habitual del gobierno realizar las cosas sin que se las vea. Quienes toman las decisiones ponen primero una distancia respecto a quienes se ven afectador por esas decisiones, una vez establecida la distancia, se crea primero un cerco defensivo y se intenta mostrar una imagen construida (como una pintura) de la realidad, mientras detrás de esa pintura se llevan a cabo las verdaderas obras, invisibles a los ojos de la mayoría...

Buenos Aires, septiembre de 1999

Por Gastón Beltrán (sociólogo - investigador - docente U.B.A.)
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