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miércoles, 11 de mayo de 2011

Me casé contigo, no con tu familia


“Me casé contigo, no con tu familia”, es una frase que muchos hemos escuchado y aceptado como una verdad que determina nuestras relaciones desde el mismo momento en el que estas comienzan.

Algo de cierto hay en estas frases, porque si bien “el casado casa quiere”, cuando establecemos relaciones de pareja de una forma y de otra siempre nos vamos a relacionar con familiares y amigos de nuestro marido o señora según sea el caso.

Esto parece ser un arte, y me refiero a la capacidad de no estar ni tan lejos de las relaciones familiares, ni tan cerca como para asfixiarse o quemarse con ellas.

El secreto parece estar en dejar las cosas claras desde el principio, conversar los límites y darse tiempo para estar solos y al mismo tiempo entregar tiempo a los padres y familiares con el fin de fortalecer y mantener los afectos.

No siempre estoy de acuerdo en que todos y absolutamente todos los fines de semana se vaya a la casa de los padres de uno un día y al de los otros el otro día, porque sino cuando la pareja tiene tiempo para construir su propio nido, cuando aprenden a cocinar, a cuidar su casa.

Me llama la atención como existen parejas que todos los días uno del los dos están, almuerzan e incluso lavan la ropa y cocinan en la casa de sus padres y no son capaces de formar su propio hogar , ese que dará el fundamento de la familia que recién comienza.

Los límites que no se ponen en pareja serán muy difíciles de poner con nietos y con otras instancias sociales, como son sus amigos y compañeros de trabajo.

Una pareja necesita tiempo para estar sola, y cada uno necesita espacio para una vivencia individual y si esto no se produce desde el principio costará mucho después poner límites que permitan cuidar ese espacio para dar las bases de una familia.

El tiempo siempre existe, lo que hay que tener claro son las prioridades y entender que la nueva pareja que se forma necesita voluntad de trabajo, que tienen que salir solos, estar solos en casa y también compartir con los otros afectos pero hay que tener claro que mi familia es la que estoy formando hoy y que la otra es la de mis padres.

El lenguaje en esto es importante, el tener claro a lo que se llama “mi casa” es fundamental. La otra es la casa de mis padres o es en la que viví anteriormente.

La mención de los “nosotros” versus lo tuyo y lo mío, siempre es importante tenerlo claro. Lo mío y lo tuyo es fundamental pero al analizar el proyecto que se construye es de real importancia que existan muchos nosotros. Quizás por esto mismo tampoco estoy de acuerdo en que una pareja parta su vida en conjunto con todo dado, sino que sean ellos mismos los que se “saquen la mugre” para lograr todo lo que quieren o necesitan.

La familia de origen es fundamental, hay que cuidarla pero en la formación de una nueva es de extrema importancia los tiempos que esta se de para construir sus propios espacios y esto es válido no sólo para los padres, sino para los hermanos, primos, cuñadas, etc.

Los tiempos siempre existen, lo fundamental son las prioridades y los tiempos en las relaciones.

Psicóloga PILAR SORDO

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