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martes, 18 de octubre de 2011

COMO CANALIZAR LA IRA

La mayoría nos ponemos a la defensiva y nos enojamos al no alcanzar nuestros objetivos o al sentirnos atacados. La ira es algo normal y debe expresarse: si no se expresa y se acumula por dentro, puede generar un sentimiento de profunda frustración e incluso llevar a la depresión. Sin embargo, si en su caso el enojo lo suele hacer "perder los estribos" y es su única respuesta ante las críticas o los problemas, no sólo verá afectados su prestigio y sus relaciones personales, sino que además sufrirá enfermedades relacionadas con el estrés.

Agredir no es lo mismo que hacerse valer

Trabajar o vivir con alguien que suele perder los estribos es muy desagradable y desalentador: cuesta confiar en alguien cuando se está constantemente preocupado por que no desate su ira, muchas veces de manera sorpresiva. No cometa el error de confundir el miedo con el respeto genuino: sus empleados probablemente estén buscando otro empleo. Y si usted busca un ascenso, probablemente no lo consiga: un buen gerente se hace respetar, pero no es agresivo; sabe escuchar y no grita.

Pero la buena noticia es que existen maneras de ayudarlo a controlar la ira e incluso canalizarla para convertirla en algo positivo que lo ayude a estudiar los problemas con más eficacia y hallar soluciones verdaderas. La próxima vez que sienta que va a perder los estribos, pruebe lo siguiente:


1. Deténgase. No diga nada. Respire hondo y cuente en silencio hasta diez. Esto lo ayudará a calmarse y relajarse. De esta manera, no dirá lo primero que le venga a la mente y no tendrá nada de qué arrepentirse.

2. Usted tiene el control. Desahogarse puede parecerle bueno en el momento, pero no ayuda en el largo plazo; de hecho, probablemente lo deje en una mala posición y le haga sentirse mal con usted mismo. Recuerde que ganará más respeto si mantiene la calma, y que hacerse valer y demostrar autoridad no tienen nada que ver con los gritos agresivos.

3. Tómese un descanso. Si es posible, diga que precisa un momento para analizar lo que se ha dicho y que se reunirán más tarde. Esto le dará tiempo para calmarse, pensar con frialdad y responder de manera racional. Durante este descanso, trate de hacer alguna actividad física para descargar la ira y la frustración: por ejemplo, salga a caminar por la calle. Repita para sus adentros alguna frase tranquilizadora, como "cálmate" o "no te pongas nervioso", "relájate" o "ya va a pasar". Al regresar, se sentirá más calmado y con mejor ánimo.

4. Gane tiempo. Si no puede salir a caminar, reduzca la tensión diciendo "no estoy seguro de haber entendido lo que dices" o "¿me podrías explicar de nuevo qué quieres decir?". Esta táctica dilatoria traslada el foco a la otra persona y evita que usted pase al ataque. Recuerde que mantener la calma y escuchar no implica ceder el control de la situación.

5. No lo tome como algo personal. Los demás no necesariamente tratan de molestarlo a propósito. Simplemente, las situaciones difíciles son parte de la vida: afróntelas con objetividad. Por ejemplo, quizás critiquen su trabajo porque no era lo suficientemente bueno; probablemente no sea un ataque personal o una crítica a su capacidad general.

6. Recuerde. Cada persona tiene diferentes parámetros, valores y objetivos en la vida. ¿Existe alguna razón por la que deban seguir los mismos parámetros que usted? De existirla, compártala. ¿Tiene expectativas desmesuradas? Quizás debería modificarlas. La gente que se impone normas estrictas a sí misma tiende a imponérselas a los demás y reaccionar enojada cuando no se las respeta. Quizás deba reevaluar las expectativas que tiene para usted. A veces hay que aceptar el mundo como es.

7. Piense. Elija las palabras con cuidado. Muchas veces nos arrepentimos de las cosas que decimos enojados, y en situaciones laborales en particular esto no es bueno para su prestigio.

8. Pase a lo siguiente. Sí, está enojado, pero en lugar de regodearse en la autocompasión y la ira, trate de encontrar una solución para el problema. ¿Sus empleados volvieron a entregar algo tarde? Piense antes de gritar. ¿Es porque son holgazanes? ¿O existen problemas verdaderos en el flujo de trabajo? ¿Les falta motivación? ¿Están mal pagos? ¿Trabajan los fines de semana sin pagos adicionales o sin días de descanso? En lugar de enfurecerse, trate de ver cómo mejorar la situación, quizás elogiándolos más, o llevándolos a comer o tomar algo tras finalizar un trabajo urgente. Tome su enojo y canalice esa energía para encontrar soluciones que beneficien a todos. De la misma manera, si es empleado, no se trague sus frustraciones hasta explotar y gritarle a su jefe: esto podría poner en peligro su empleo. En cambio, apenas comience a enojarse, pídale una reunión privada a su jefe y explíquele qué le pasa. Si su jefe es muy poco comprensivo y no lo ayuda, no pierda tiempo con pensamientos negativos: acepte la situación y encárela con el mejor ánimo posible, o comience a buscar otro empleo. De cualquier manera, recuerde: perder los estribos sólo empeora las cosas.

9. Use el sentido de humor. Aunque no siempre es lo adecuado, muchas veces una carcajada ayuda a distender la situación.

Dra. Gladys Cristina Surbano Imprimir artículo
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