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lunes, 1 de octubre de 2012

Libertades Individuales ‏

El Sr. Rodolfo Amolio (DNI 4.544.964) ha escrito el siguiente mensaje que aquí se reproduce.


El sábado pasado a las 3 y media de la mañana comencé con un fuerte dolor en el pecho que no podía aminorar con ninguna postura. 

A las 8 desayuné y me fui a dar clase a la Universidad. 

Pero a eso de las 11 les dije a mis alumnos: "Chicos... hasta aquí llegué".

Llamé a mi mujer y le pedí que me viniera a buscar con el coche y fuéramos al Sanatorio de Osplad.

En cuanto llegamos y en menos de lo que esperaba estaba en la Unidad Coronaria y me estaban comunicando que había tenido un Infarto de Miocardio.

A partir de allí, lo de siempre: Cama con el arbolito de navidad, los pitos y matracas que suenan en caso de irregularidades, electrodos por todo el cuerpo.

A las 48 horas me hicieron un cateterismo y encuentran una seria obstrucción en una arteria y en ese momento me piden autorización para introducirme un stent, cosa que aprobé y se hizo felizmente. 

El próximo lunes debo volver para combinar la fecha de colocación de otros dos más en la otra arteria, pero que no son de la urgencia del anterior.

Y aquí es donde debo hacer un alto para poder elaborar este comentario, el cual ruego difundan hasta donde puedan, ya que para estas dolencias, todos estamos en lista de espera con la vida que llevamos.

Al terminar la operación del cateterismo, el Jefe del Servicio de Hemodinamia me dice:

"Sr. Amolio, debe saber que se lleva en su pecho un stent de última generación con liberación paulatina de droga, especial para diabéticos y de la marca más prestigiosa del mundo, obviamente importado. Teníamos tres en stock y uno es del diámetro de su arteria. Sólo nos quedan dos y luego no hay más."

A lo que respondí  ¿Cómo qué no hay más?  ¿No se fabrican más?, y él mirándome fijo y esbozando una sonrisa de resignación me respondió: 

" La Aduana está llena de stents, están allí, no aquí donde pueden salvar una vida de inmediato, están en estanterías, containers, o donde sea que impidan su uso en urgencias".

La pregunta que me hago y les hago es: "¿¿¿ HASTA CUANDO??? 

¿Hasta cuándo vamos a tolerar los argentinos (y argentinas...)  que un funcionario trastornado y trasnochado tenga en un puño la salud y la vida de todos los otros connacionales?   ¿Hasta cuándo seremos un pueblo de corderos que canta su himno en voz baja? 

Si me quieren acusar de subversivo, adelante!  Claro que lo soy! 

Pero seguiré con nuestro Grito Sagrado: ¡¡¡Libertad, Libertad, Libertad!!! Ante quién se cuadre.

Gracias por su tiempo y por la difusión.

Rodolfo Amolio
DNI 4544964

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