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Departamento GRAL. LOPEZ

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jueves, 3 de febrero de 2011

La Metáfora "Madre Estado"

Hace poco tiempo el ex presidente de Brasil, el señor Lula da Silva dijo en una entrevista las siguientes palabras: "El Estado es como una madre, se encargará de los hijos más débiles y necesitados, al que más hambre pase le dará el biberón, y no por ser el más lindo, ni el más inteligente, sino porque es el que más lo necesita", luego asistía: "...los ricos no requieren de la ayuda del Estado".
Más allá de lo que cada uno piense, estas palabras dan mucho que hablar. De todos modos aquí sólo voy a dar mi opinión acerca de qué tipo de madre-Estado tenemos aquí en la Argentina.

Si bien es cierto que una madre siempre fija más su atención en aquellos hijos desvalidos, nunca quita su mirada del resto. Quien posea el título lo sabrá mejor que yo. Pareciera ser que en este país la institución llamada Estado actúa de la siguiente manera hacia con la totalidad de sus hijos: a todos aquellos que hayan podido lograr cierta solvencia económica no sólo los ignora, sino que les pone trabas día tras día, no los deja crecer más de lo que deberían según los cánones que "ella" impone. A todos aquellos que trabajan y pagan sus impuestos (que en esta familia llamada Argentina no son una contribución, son una imposición que crece día a día) los castiga día a día aumentándoselos, a modo de penitencia por hacer bien las cosas. ¿A qué "hijos" mima esta madre-Estado argentina?, ¿a quienes castiga?, ¿son realmente los débiles e indefensos los que más atención reciben?

Vamos a los hechos y de hecho podemos apreciar que estas preguntas se responden por sí solas. De ser cierto que el modelo Estado-madre funciona metafóricamente de tal manera, debería también serlo la disminución paulatina de la pobreza, indigencia, analfabetismo, etc. Es que esta madre nos ha mal acostumbrado y nos ha enseñado que mediante su subsidio debemos vivir, nos ha impuesto un modelo de progreso que depende directamente de sus decisiones y condiciones, a modo de decretos, a las cuales no podemos eludir.

Coincido con el presidente brasilero en que el Estado no puede ignorar a sus ciudadanos más necesitados. Ahora bien, ¿nuestro Estado, el argentino, subsidia, ayuda y provee de soluciones a aquellos que quieren "salir del pozo" de la indigencia?, ¿acaso un plan jefe de hogar es un incentivo para que las personas comiencen a buscar un nuevo rumbo y se inserten en el campo laboral? No nos engañemos. Seguramente hay casos en los que el objetivo de subsidiar al que lo necesita funciona para reactivar la economía, pero siempre tal situación debería darse de manera temporal, hasta que se estabilice la crisis y todo aquel que hasta ese entonces era acreedor de esa ayuda estatal pueda emanciparse de tal dependencia y seguir su camino de manera autónoma. Claro esta que lo que acabo de decir suena irreal a la hora de ver la situación de nuestro país. Ni el Estado pretende emancipar a los subsidiados, ni la mayoría de los subsidiados pretende lograr tal independencia.

No se puede progresar económicamente cuando se tienen los índices de pobreza y de manutención como los que tenemos. Tampoco lo vamos a lograr siguiendo el ejemplo de nuestra madre-Estado que nos hace cada vez más complicada la existencia tanto a quienes desean prosperar como aquellos que lo han logrado y han sido castigados por hacerlo

El problema aquí generalmente se trata bajo el término "equidad". Es ésa una palabra cuyas implicaciones políticas no son fáciles de analizar. Si tratamos de ser objetivos, vamos a decir que es tan injusto ignorar a los necesitados como quitarle la renta a quien la ha ganado con el sudor de su frente. Las implicaciones éticas de la equidad no son comúnmente acordadas entre los diversos sectores políticos porque utilizan el vocablo en favor o en contra de intereses que nada tienen que ver con la realidad misma. El Estado actual dirá que es ético y equitativo subir los impuestos de exportación, pues con tales fondos se ayuda a millones que lo necesitan. Los trabajadores o propietarios de las tierras dirán que nada malo le han hecho ellos ni a su madre-Estado ni a sus hermanos necesitados para recibir tal castigo. ¿Cómo decidimos, pues, lo que es justo y equitativo en este marco actual?. Si siguiéramos la metáfora de Lula al pie de la letra, podríamos expresar que a veces las madres no son justas con algunos de sus hijos, pero que tal injusticia está siempre basada en una decisión crucial e indiscutible. De niños nos ha resultado a todos imposible poder comprender el por qué de la negativa de nuestra madre a la hora de otorgar un permiso

Es realmente ridículo tomar la metáfora al pie de la letra, porque de hacerlo terminaríamos aceptando todo decreto que a priori fuese presentado sin consulta alguna a los ciudadanos (que es lo que en verdad hacen las madres) debe ser aceptado con resignación. El país ha "crecido", ya no es un niño que debe acatar "ordenes", si bien somos, en lo que respecta al tiempo que llevamos como Nación regida por la democracia, jóvenes y nos queda mucho por aprender. Pero lejos de seguir el esquema presente del poder que nos rige, debemos apartarnos de la idea de que el Estado tiene la obligación de meter las manos en los bolsillos de los que trabajan para calmar a aquellos que prefieren no hacerlo. No estoy diciendo que todo aquel que reciba un subsidio no quiere trabajar, pero sí digo y no me retracto, que es vergonzoso que lleguemos al punto de considerar "normal" que una familia reciba de por vida el seguro por desempleo. Bajo ese modelo nos va a resultar prácticamente imposible crear una nación pujante, que salga adelante mediante su trabajo y su esfuerzo. Todo lo contrario, considero que esta forma de actuar del Estado (que no es precisamente una metodología de el gobierno actual, sino que viene siendo practicada hace ya muchos años y cuyo precursor fue Perón, entre otros) más que un mecanismo de ayuda al más necesitado es un dispositivo de control masivo de los medios económicos de gran parte de la sociedad. La dependencia económica absoluta de gran parte de los habitantes de un país hacia con el Estado sólo trae consecuencias drásticas y poco prometedoras.

Incentivar el trabajo, promover la industria, facilitar los medios para que los productores puedan crecer y dar a su vez fuentes de trabajo, estimular una cultura guiada por la educación de todos son las pautas que todo ciudadano honrado debería esperar del Estado. No confundamos ayuda en tiempos de crisis con mantenimiento de por vida y entorpecimiento económico a largo plazo.
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