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lunes, 21 de marzo de 2011

San Daniel, profeta


El milagro de verlo en medio de los leones y de que ninguno le tocase, hizo recapacitar al rey acerca de la religión de Daniel. Como resultado, se convirtió al verdadero Dios.

20/03/2010

Etimológicamente significa “Dios es mi juez”. Viene de la lengua hebrea.


La vida de este santo la puedes conocer si te acercas a la sagrada Biblia y en concreto al libro de Daniel.

Pertenecía a una familia muy digna e importante en la ciudad de Jerusalén. Era un joven de una fina inteligencia, entregado al estudio y de una presencia muy agradable.

Cuando el rey Nabucudonosor entró victorioso en la ciudad santa, miró al joven y se lo llevó consigo como prisionero a Babilonia.

Ya en su tierra, el rey mandó que se instruyera en todo el saber político y social de su nuevo país.

La paz y la tranquilidad de Daniel se vieron en seguida turbadas por los ataques de los enemigos. Y, en concreto, estos ataques provenían de motivos religiosos. No soportaban verlo hacer oración a Dios tres veces al día, desde cualquier lugar de la casa en que se encontrase.

Fueron entonces al rey a rogarle que lo expulsara o lo enviase al foso de los leones hambrientos. No sabían sus enemigos que Dios es todopoderoso. El milagro de verlo en medio de los leones y de que ninguno le tocase, hizo recapacitar al rey acerca de la religión de Daniel. Como resultado, se convirtió al verdadero Dios.

A pesar de estar en nación extranjera, Daniel seguía su costumbre de no comer alimentos prohibidos por Moisés ni bebidas alcohólicas.

El resplandor de su sapiencia corría como el viento por todo el reino. De esa forma, no le fue difícil alcanzar puestos de honor en el gobierno. Consiguió ser primer ministro en los gobiernos de Nabucodonosor, Baltasar, Darío y Ciro.

¿Cómo mantuvo el puesto a pesar de los cambios de gobierno y de reyes? Sencillamente porque era sabio, mostraba una gran habilidad para gobernar y, además, era un santo en su conducta. Para colmo, Dios le concedió el don de saber interpretar los sueños y las visiones.

Todo esto le granjearon la amistad con los reyes y los súbditos. La coherencia de vida fue el estandarte de su existencia.

¡Feliz día a quienes lleven este nombre!
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