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jueves, 14 de abril de 2011

Oscar Lerdez: CON UNA MENTE GIGANTE



Su padre era un ferroviario, con los cambios que solían caracterizar el oficio de los trabajadores del riel: Un día acá y otro allá. Bouchardo, un pueblo que no olvida, y Viamonte fueron tierra conocida y disfrute de los años primeros; con dos décadas y algo más vino a Venado, se casó y asumió la responsabilidad de una nueva vida. Oscar Rodolfo Lerdez, dueño del récord Guinness con una bicicleta gigante, de 4,5 metros de altura, nueve de largo y casi 100 kilos de peso, repasa su historia, tan simple como la de cualquier tipo que hace del laburo un medio de vida y de respaldo a su dignidad personal.

Ubicarlo no fue un problema, dos ruedas gigantes - como le gusta definir y es el sello distintivo de lo que hace - se erigen desafiantes desde el fondo de su vivienda. Es un nuevo proyecto en ciernes, y que se agrega a otro que ya ingresó en el libro Guinness, una marca conocida y convertida en una compañía líder en récords mundiales. “¿Cómo nacen estos inventos? La respuesta viene con un enarque de las cejas y la insinuación de una sonrisa, casi como si fuera el primer sorprendido por su iniciativa. “Hace unos años un día me propuse hacer un invento con las bicicletas, algo fuera de lo común, que no pasara desapercibido y despertara el interés de la gente. Tenía el cuadro de una bicicleta, lo corté, lo estiré e hice una bicicleta larga, me gustó, y también a los vecinos”.

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Reconoce que la gente se sintió atraída por una cosa distinta, y que el primer objetivo estaba logrado. “Más que nada lo que buscaba era llamar la atención con las cosas raras que hacía, porque cosas comunes las puede hacer cualquier; yo quiero hacer cosas que no hagan los demás, por eso esta bicicleta fue como una pila para mí, y me incitó a que los retos fueran mayores”. Hizo una para andar en el agua, con flotadores, otra eléctrica, a batería, y sumando una quincena de inventos como resultado de su inquietud y capacidad creativa. “Siempre fui un tipo inquieto, pero nunca con motivaciones capaces de empujarme a esto, a una edad madura surgió de golpe. ¿Por qué? No se. Empecé a averiguar e incorporar conocimientos y cada vez entusiasmándome más”, comenta.

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Agrega que siempre le preguntan por qué la bicicleta es la elegida como el instrumento de desarrollo de su inventiva, y la contestación es la misma. “No puedo incursionar en otros campos que no conozco, y que técnicamente requieren de una capacitación que tampoco tengo, opté por la bicicleta porque es más simple y con algo de ingenio se pueden lograr los resultados que uno pretende”, define. El acceso fácil e inmediato a una cantidad extensa y diversa de información que proporciona la web, le es de utilidad en la búsqueda y el conocimiento de lo que existe y se plantea como un desafío superador. Así construyó la bicicleta que entró en el libro Guinness como la más grande del mundo.

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Su construcción le demandó más de un año, el trabajo en relación de dependencia le impedía mayor dedicación, haciendo que las horas del ocio pasaran a ser de ejercicio activo destinado a este cometido.”Las dimensiones de las ruedas fue todo un tema, relata mientras mira de soslayo a su esposa, buscando una sonrisa cómplice para lo que forma parte de una anécdota familiar. Ocupaba todo el patio para su armado, el desparramo era mayúsculo y ella tenía que hacer malabares para andar entre los fierros; lo solucioné cuando pude calzarlas en las horquillas, continuar el trabajo y terminar con las ruedas, que fue lo más complicado y consecuentemente lo que demandó más tiempo”, destaca.

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El cuadro fue de un armado rápido, con la colaboración de un vecino tornero, Alberto Ferreyra, del que rescata las ideas para facilitarle la conclusión de la obra, y cuya muerte lamenta, desde el lugar del amigo y por la pérdida de sus conocimientos para resolver algunas de las complejidades que afronta en la construcción de su nuevo proyecto, “yo ponía la idea y la plata, pero él tenía más ideas para cada cosa. Un tipo muy inteligente”, pondera. Un domingo, en horas de la mañana, su casa se convirtió en la noticia del barrio y la ciudad, “terminamos su armado y los últimos toques en la vereda; el loquero que fue eso no se puede imaginar; vecinos de todos lados, autos en doble fila, era noche y seguía atendiendo gente. ¡Una locura!”, exclama.

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Ahí se dio cuenta que había hecho algo importante, más impactante de lo que imaginó. “No era nada científico, pero sí llamativo”, aduce. El movimiento se demuestra andando, “tuve que andar en la bicicleta, que no es nada fácil por la altura y el equilibrio a mantener para evitar cualquier caída; después de varios intentos pude trasladarme unos 30 metros, que fueron fotografiados y filmados, y necesarios para la documentación que después remití a Guinness”, para el reconocimiento como la bicicleta más grande del mundo”, sostiene con un orgullo respetuoso. Hoy está montada en un carrito con plataforma, hecho por Miguel Argañaráz, a quien también le agradece su aporte desinteresado para mantenerla en exhibición sobre un tramo de la ruta 8.

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Su nuevo desafío es la construcción de un triciclo gigante, ya recibió de Guinness las medidas del récord actual, “estoy en el primer paso, que son las ruedas, tres de seis metros de alto (a partir de ahí va el triciclo, andado a pedales y con una pequeña escalera soldada al cuadro, para su ascenso al cuerpo principal); en esto también tengo que agradecer a Roberto y Gustavo Freyre que me contactaron con una gente de Chivilcoy que fue la que me las hizo”. Su problema ahora es el armado del cuadro, “para lo que necesito de un lugar adecuado, con un piso de cemento para exhibirlo y hacerlo andar cuando esté concluido; plantea la ayuda de un guinche u otro elemento similar para el izado de las piezas, “solo y sin esto, no puedo hacerlo”.

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Se pregunta si puede ser la Municipalidad o alguna empresa, “no se qué timbre tocar”. Aclara que no pide ayuda en plata, sino en mano de obra. Recalca que lo suyo no persigue el lucro, es algo de satisfacción meramente personal. “Esto implica un gasto que no es recuperable. No tiene otro fin - reitera - que ser algo novedoso y su exhibición la resultante de un atractivo para la gente. Las primeras bicicletas que hice fueron chicas, pero raras; paseaba con ellas por el barrio y hasta me atreví, con un poco de vergüenza, a dar una vueltas por el centro”. ¿Por qué, vergüenza? Y… Ya no soy un chico para andar y mostrarme con una bicicleta así, pero es una forma de hacerla conocer y responder a las preguntas nacidas de la curiosidad de la gente”, afirma.

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Tiene otras ideas y un proyecto cercano dándole vuelta en la cabeza, pero no suelta la prenda, quiere mantenerlo en secreto y sorprender con un nuevo anuncio. Ya trascendió la barrera de lo insólito, lo suyo integra una de las páginas del libro Guinness con el récord mundial de su bicicleta gigante, “y el orgullo de saber que es la más grande hasta hoy”. También quiere demostrar que uno puede hacer de sus momentos libres un espacio destinado a imaginar y concretar cosas, que más allá del halago o la satisfacción personal, sean ponderadas por la gente. “Es cuestión de proponérselo”, concluye convencido. Colecciona antigüedades, tapitas de gaseosas y cervezas de distintos países, barriletes, cajitas de fósforos y figuritas. Un tipo inquieto con un niño adentro.

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Historias de Vida
Texto: Esteban Stiepovich
Fotos: Susana Villarreal
estiepo@gmail.com

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