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Departamento GRAL. LOPEZ

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lunes, 20 de diciembre de 2010

Libertad, Igualdad y Fraternidad.


Trabajo escrito sobre la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad del libro “Masones que cambiaron la historia” de Gustavo Vidal Manzanares..

"Muchas personas, al escuchar estas tres palabras, evocan la cada vez más lejana Revolución francesa, e imaginan el rugir de multitudes, el trueno de himnos y el chorrear de sangre sobre las cuchillas de las guillotinas. Sin embargo, ignoran que la unión de estas palabras nació en el sosiego de las logias masónicas, en la penumbra rota por el flamear de velas entre los malletes del Venerable maestro y los Hermanos vigilantes, en el rito milenario de signos, toques y palabras de los antiguos arquitectos medievales, transformados en los masones libres y aceptados o especulativos, que somos nosotros.

Pero… ¿qué significan realmente estas tres palabras?

Cuando hablamos de libertad nos referimos a una de las más altas gracias que un ser humano puede poseer. Si nos ceñimos a la libertad política, en el verano de 1789, los privilegios de reyes y caciques provocaron un levantamiento brutal. El alarido de años de humillaciones, opresión, injusticia y dolor. Esta libertad política comprende derechos inalienables como la libertad de expresión, de reunión, asociación, culto, circulación… Pero en el ámbito personal, con ser más restringido, alcanza una magnitud superior. Así, somos libres cuando nada, que no hayamos deseado, nos ata. Los masones no cambiamos nuestra opinión ante una botella de licor o una dosis de droga. No mutamos el parecer ante un soborno, ni dependemos del halago o el dinero para prostituir nuestras ideas… somos libres. Libres para pensar y conducir nuestra razón hacia las dehesas de la justicia, para escoger lo que consideremos mejor sin causar quebranto a nuestros semejantes ni reptar en el cieno de lo injusto. Aquí radica la verdadera libertad, es poder escoger lo que entendemos más justo, más limpio, más honrado, y elegir aunque la amenaza, la coacción o el fanatismo de otros nos eclipsen con su sombra siniestra. La igualdad es hermana de la libertad. Quizá algo más que hermanas. Son la misma moneda, según de que lado la miremos.

No cabe libertad sin igualdad.

Y todos pensamos en el sofisma de la “libertad de trabajo”, sí, la “libertad” del fuerte para imponerse al débil, la “libertad” de un niño de guardería para enfrentarse “libremente” al campeón del mundo de los pesos pesados y, “libremente” disputar el título mundial. Quienes falazmente reclaman “libertad” sin igualdad no albergan otro propósito que abusar de los débiles, solo pueden recibir el apelativo de escoria y, por supuesto, jamás podrán ceñirse el mandil masón ni hacer oír su voz en un foro de hombres justos. Ahora bien, no debemos confundir la idea de igualdad. Igualdad no implica que todos seamos iguales, Ni la genética, ni el esfuerzo determinan que todas las personas nazcan y se desarrollen iguales. La igualdad radica en que todos tengan derecho a coronar objetivos con, más o menos, la misma dosis de esfuerzo. No significa igualdad que un camillero, por muy digno que sea, deba ganar lo mismo que un médico que consumió miles de horas frente a los libros en detrimento de la diversión. Esto no solo no sería igualdad, sino que encendería una enorme injusticia. La igualdad implicaría que tanto el camillero como el médico hubieran gozado de similares oportunidades para perseguir sus metas, y que, una vez coronadas, los hijos de cada uno siguieran gozando de parecidas oportunidades… ¿utopía?... la historia demuestra que la utopía es utopía hasta que deja de serlo y se transforma en realidad.

La tercera palabra, fraternidad, tal vez sea la más usada en masonería.

La fraternidad es el cemento que nos une como a las piedras de un grandioso edificio. Debemos entenderla como el futbolista que dispara penaltis. A veces acierta, a veces falla. Pero no por ello deja de ser un futbolista que desea el triunfo y sigue defendiendo sus colores. La fraternidad ha de ser el radar que todo masón posea y con el cual detecte las carencias de sus hermanos y personas que lo rodean. Una vez detectadas las necesidades de los demás, ha de hacer lo posible por cubrirlas. Y esta ayuda no ha de restringirse a problemas materiales. También de soledad, apoyo moral, cariño, saber escuchar… todo esto es la fraternidad, la principal misión de los masones. En la medida que ayudamos a otros nos ayudamos a nosotros en nuestro propósito de ser mejores pues “lo que hacemos nos hace” o, como dice el Evangelio, “hay más felicidad en dar que en recibir”. Y todo esto, a grandes rasgos, es lo que significa LIBERTAD, IGUALDAD Y FRATERNIDAD para nosotros, los masones.

He dicho "

Gustavo Vidal Manzanares
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