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martes, 14 de junio de 2011

El país de los locos


por Rolando Hanglin

La semana pasada, vino a verme el señor González. Traía una gran carpeta con el original de su novela “El país de los locos”.

Quería conocer mi opinión. Al ver que era un volumen de muchas páginas, le rogué que me hiciera el resumen del contenido. Respondió lo siguiente...

-Es una historia surrealista, fantasiosa, de una nación donde todos se van volviendo locos. Al principio, de a poquito, y luego a toda máquina. Los protagonistas de esta historia son Shock y el Dentista.

Shock es un muchacho que asesinó a su padre y a su madre. La justicia lo condena a cadena perpetua, pero en este país lo perpetuo dura poco tiempo, de modo que Shock sale en libertad. En la cárcel, donde algunos presos son violados por otros presos, algunos se amotinan, otros se convierten en criminales aún peores, en cambio hay también presos que estudian carreras universitarias.

Es el caso de Shock, que se recibe de abogado. Una vez excarcelado, asume el comando de una organización llamada "Las Madres", que agrupa a unas señoras cuyos hijos han sido secuestrados y asesinados por una dictadura, 35 años atrás. Justamente, Shock viene a resultar el coordinador o gerente general de "Las Madres". ¿No le parece genial?

También está el Dentista. Este hombre es un odontólogo de la Plata, tímido y silencioso. Pero un día tiene un acceso de furia, o algo, y agarra una escopeta. Asesina a sus dos hijas, su mujer y su suegra, que vivían con él en su casa. También le dan cadena perpetua, pero ya le expliqué lo que pasa en este país con lo perpetuo. Durante sus años de cárcel se pone de novio con una señora llamada Pochi.

Luego sale en libertad con su correspondiente título universitario. En este caso, el Dentista se ha recibido de director técnico de fútbol, y sueña con ser el entrenador de su adorado equipo, Estudiantes de La Plata. El Dentista pasea por las calles de su ciudad y la gente le grita: ¡Idolo, maestro, genio!. Se ha hecho muy popular. ¿No le parece increíble, Rolando?

Toda la novela está mechada de pequeñas historias. Por ejemplo: un ingeniero viola a sus dos hijos de 5 y 6 años. Lo condenan a 14 años de prisión, pero le conceden la libertad bajo palabra porque el ingeniero presenta el testimonio de 714 familiares, amigos y compañeros de trabajo, quienes afirman que es buen tipo.

En otro pasaje de la novela aparece una chica, Laura, que es la revelación teatral del año. Pero no se trata de una mocosita, como podría creerse por lo de "revelación", sino de una mujer hecha y derecha de 35 años. Un periodista le pregunta si tiene pareja y ella responde que sí, que hace ya seis años vive con un hombre. Otra pregunta: ¿Piensan casarse? Respuesta: "No tengo esa fantasía".

Para que vea lo genial que es todo esto, Rolando, tenga en cuenta que en este país existe una ley de matrimonio para homosexuales. Ellos sí se casan con toda alegría y salen en las revistas, felices de encarar un proyecto de vida en familia. Pero para los jóvenes heterosexuales, el matrimonio es "una fantasía". ¿No le parece fabuloso?

Otro hombre es sometido a juicio. En esta novela hay muchos juicios. A este tipo lo acusan de haber cometido crímenes durante aquella dictadura que ya le mencioné, hace unos 35 años. Se celebra el proceso y el hombre es condenado, como siempre, a prisión perpetua. Pero como es un hombre de 69 años que está con un derrame cerebral, el acusado asiste al juicio. ¡En camilla, postrado!

Hay un momento genial: una de las acusadoras es una señora llamada Estela, que exclama furiosa: "¡Me da risa lo que dice este tipo!¨. Y resulta que el tipo en realidad no dice nada, porque no puede. Antes del accidente cerebro-vascular sí que decía cosas. ¡Si hasta fue político y ganó un montón de elecciones!

Hay una historia paralela, que tiene que ver con las drogas. Esta nación se había hecho famosa en el mundo por la abundancia de sus ganados y cereales, sus carnes y cueros. Pero ya no. Ahora exporta otras sustancias.

Incluso aparece un juez federal que lo explica así: "Este es un país atractivo para los narcos. Tenemos excelente comida, excelentes mujeres, un clima y paisajes maravillosos y una legislación endeble que les ha permitido hacer lo suyo. Aparte, los detenidos extranjeros que son aprehendidos, a la mitad de la condena se van expulsados, en libertad. Por ejemplo, una persona que transporte 10 kilos de cocaína es detenida, pacta con el fiscal un juicio abreviado y al cabo de dos años y tres meses se vuelve a su país. Yo he escuchado grabaciones telefónicas de serbios que decían a sus colegas: ¡Vengan aquí, este es un país bárbaro!... Es asombroso ver que aquí tenemos detenidos de todas las nacionalidades: lituanos, letones, rusos, ingleses, tailandeses, holandeses, españoles.

Todo el planeta está acá, entrando o sacando cocaína. El año pasado tuvimos en mi juzgado 270 detenidos por narcotráfico. Sumando los tres tribunales penales económicos, rondaron los 800 detenidos. El 80 por ciento es extranjero. En resumen, estamos exportando mucho a Europa".

Es genial lo que explica este hombre, porque al mismo tiempo se desarrolla una fabulosa agroindustria con la exportación de soja, y algunos critican este fenómeno porque dicen que la soja. ¡Es tóxica! ¡No la cocaína, la soja! Es extraordinario. ¿No le parece, Rolando?

En este país raro y loco, las personas de 40 años todavía son consideradas jóvenes. Pero a los 50 ya son viejos y no les dan trabajo.

Si dos jóvenes cuarentones forman pareja y quieren comprar una casita, no pueden, porque no les alcanza el sueldo ni les alcanzaría en un siglo. Entonces se quedan a vivir cada uno con su papá y su mamá, que son jubilados.

En cambio, hay hordas de centenares de personas que invaden campos o terrenos y levantan sus casas en dos días. Pueblos enteros. Misteriosamente, aparecen los ladrillos, el cemento, los caños, las chapas, las vigas, el dinero, el tiempo. Todo es mágico.

En este punto tuve que interrumpir el relato de González.

-Basta, señor González, ya me doy una idea. No me cuente más cosas porque me aturde. Yo encuentro que su novela es demasiado fantasiosa. Perdóneme, no soy ninguna autoridad, es una opinión personal. Las novelas pueden contener mucho delirio y mucha magia, pero todo tiene un límite. La historia tiene que ser creíble. Verosímil. Y todo esto que usted cuenta, perdóneme González, no se lo cree nadie.

Nota marginal: Los datos sobre tráfico de drogas corresponden a declaraciones del juez federal Claudio Gutiérrez de la Cárcova, que lleva 36 años en el fuero penal, hechas a las revista Rumbos, 16-17 de abril de 2011.
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